El hotel es perfecto para quienes tienen un poco de paciencia y desean disfrutar el sabor de Nueva York, en una atmósfera sumamente refinada, pero con un toque de nostalgia por lo que han dejado atrás. (0506/CH)
Las habitaciones tienen buen estilo, con una atmósfera pulcra y contemporánea. Los huéspedes pueden disfrutar de camas bajas, almohadas, edredones, refinada ropa de cama Oxford, destacable mobiliario en madera de arce y asientos tapizados junto a las ventanas. Los cuartos de baño son de tamaño discreto y tienen azulejos blancos y negros combinados, mientras que las habitaciones son de un relajante color caramelo, marfil y dorado pálido. Las telas brindan un toque inesperado: sillones en corderoy, banquetas en terciopelo y pantallas en seda.
El pequeño vestíbulo se asemeja a una sala de estar de una mansión de muy buen gusto pero levemente renovada: sillones de cuero, lámparas de níquel de la década del 20 y mesas de caña del mercado de pulgas de París. También hay una alfombra M.C. Escher y biombos de papel japonés, pero la sensación es formal y anticuada.
Si desea experimentar algo de increíble estilo, debe comer en el restaurante del hotel, donde encontrará abundante decoración en mármol blanco, la mesa común para "hacer nuevos amigos", y un mural de cataratas. La cocina se describe como innovadora de Nueva York, pan asiática, con un toque de gusto caribeño.
El edificio de principios de siglo tiene un majestuoso aspecto desde el exterior, con su fachada de estilo Beaux-Arts; pero en el interior es más pequeño y menos intimidante que los demás hoteles del Grupo Morgans Hotel.